viernes, 27 de julio de 2007

El guardián entre el centeno

- Deja de jurar y dime otra cosa. Dime por ejemplo qué te gustaría ser. Científico o abogado o qué.
- Científico no. Para las ciencias soy un desastre.
- Entonces abogado como papá.
- Supongo que eso no estaría mal, pero no me gusta. Me gustaría si los abogados fueran por ahí salvando de verdad vidas de tipos inocentes, pero eso nunca lo hacen. Lo que hacen es ganar un montón de dinero, jugar al golf y al bridge, comprarse coches, beber martinis secos y darse mucha importancia. Además, si de verdad te pones a defender a tipos inocentes, ¿cómo sabes que lo haces porque quieres salvarles la vida, o porque quieres que todos te consideren un abogado estupendo y te den palmaditas en la espalda y te feliciten los periodistas cuando acaba el juicio como pasa en todas esas películas estúpidas? ¿Cómo sabes tú mismo que no te estás mientiendo? Eso es lo malo, que nunca llegas a saberlo.
No sé si Phoebe entendía o no lo que quería decir porque es aún todavía muy chica para eso, pero al menos me escuchaba. Da gusto que lo escuchen a uno.
- Papá va a matarte. Va a matarte- me dijo.
Pero no la oí. Estaba pensando en otra cosa. En una cosa absurda.
- ¿Sabes lo que me gustaría ser? ¿Sabes lo que me gustaría ser de verdad si pudiera elegir?
- ¿Qué?
- ¿Te acuerdas de esa canción que dice, "Si un cuerpo agarra a otro cuerpo, cuando van entre el centeno..."? Me gustaría...
- Es "Si un cuerpo encuentra a otro cuerpo, cuando van entre el centeno"- dijo Phoebe-. Y es un poema. Un poema de Robert Burns.
- Ya sé que es un poema de Robert Burns.
Tenía razón. Es "Si un cuerpo encuentra a otro cuerpo, cuando van entre el centeno", pero entonces no lo sabía.
- Creí que era, "Si un cuerpo agarra a otro cuerpo"- le dije-, pero, verás. Muchas veces me imagino que hay un montón de niños jugando en un campo de centeno. Miles de niños. Y están solos, quiero decir que no hay nadie mayor vigilándolos. Sólo yo. Estoy al borde de un precipicio y mi trabajo consiste en evitar que los niños caigan en él. En cuanto empiezan a correr sin mirar adónde van, yo salgo de donde esté y los agarro. Eso es lo que me gustaría hacer todo el tiempo. Vigilarlos. Yo sería el guardián entre el centeno. Te parecerá una tontería, pero es lo único que de verdad me gustaría hacer. Sé que es una locura.

1 comentario:

Roquentin dijo...

que bueno Salinger
Linda novela