miércoles, 24 de octubre de 2007

Naguib Mahfuz: El callejón de los milagros

Naguib Mahfuz nació en El Cairo en 1911 y murió en la misma ciudad en 2006. Es el único escritor en lengua árabe que ha recibido el Premio Nobel, galardón que obtuvo en 1988. Su obra ha acercado la literatura árabe a los lectores occidentales, traspasando una barrera hasta entonces infranqueable. En sus novelas más reconocidas describe la vida cotidiana y la cultura de los habitantes de El Cairo, mostrándonos sus miserias más íntimas y también sus actos más nobles. Como un anatomista experto, disecciona cuidadosamente cada uno de los personajes que aborda. Libres ya de todo velo, aparecen desnudos a los ojos del lector.
El siguiente fragmento pertenece a El callejón de los milagros. Esta novela transcurre a fines de la Segunda Guerra Mundial en El Cairo en torno al callejón de Midaq.


- ¿Por qué callas, Hamida? Una sola palabra tuya puede curar mi corazón y cambiar el mundo. Basta con una sola palabra. ¡Habla, Hamida! ¡Sal de este silencio! -Pero ella continuó sin decir nada, presa de la indecisión, por lo que Abbas añadió-: Una palabra bastará para darme esperanza y hacerme feliz. No sabes qué efecto tiene en mí el amor que siento. Me da unos ánimos nuevos que nunca había sentido antes. Me ha transformado en un nuevo ser, ahora me atrevo a enfrentarme al mundo sin miedo. ¿No lo notas? He despertado de mi letargo. Me he convertido en un nuevo ser.
¿Qué significaría todo aquello? Hamida movió la cabeza con gesto interrogante. Al ver que se interesaba por sus palabras, Abbas sintió que se le ensanchaba el pecho y prosiguió, lleno de entusiasmo y orgullo:
-Sí. He puesto mi confianza en Dios y voy a probar la suerte como los demás. Entraré al servicio del ejército británico y quizá saldré adelante como tu hermano de leche Husain.
En los ojos de la muchacha afloró una expresión de auténtico interés y preguntó, sin darse cuenta:
-¿De veras? ¿Y cuándo será eso?
Sin duda, él hubiera preferido oírla hablar de otra manera. Le hubiera hecho más feliz verla emocionarse, en vez de simplemente tomarse interés. De buena gana hubiera escuchado las palabras dulces como la miel por las que de antemano se derretía en su fuero interno. Pero se figuró que aquel interés exterior era sólo el velo bajo el que modestamente cubría unos sentimientos tan ardientes como los suyos. Por lo que, con el corazón loco de alegría, contestó sonriente:
-Me marcharé muy pronto a Tell el-Kebir. Al principio me darán un sueldo de vienticinco piastras diarias. Todo el mundo que ha trabajado allí me ha dicho que eso sólo es una ínfima parte de lo que se gana realmente. Procuraré ahorrar la mayor parte del sueldo y cuando regrese, al terminar la guerra, que dicen que va a durar mucho todavía, abriré una barbería en la calle Nueva o en la del Azahar y viviremos como reyes, si Dios lo quiere. ¡Reza por mí, Hamida!

5 comentarios:

Carla dijo...

Disculpá que no comente sobre Naguib, tengo que encontrar el tiempo para leer tranqui.

Pero te adelanto que le blog está muy bueno y ya estaré haciendo comentarios acordes.

Todos los temas son interesantes.

Saludos blogger

Instintivamente dijo...

Holaa gracias por pasar! ahora me estoy yendo pero agrego un link y después te prometo comento un poco jaja, un besote!

pd. si tenés algún chamuyo copado comentalo! jaja

fernando dijo...

Uno de los mejores escritores africanos de la historia. Egipto le debe mucho por su labor.

un abrazo.

c@rito dijo...

Lo prometido es deuda y acá estoy comentando. Me voy a tomar el tiempo para leer a fondo el blog e ir comentando en los posts.
Un beso y gracias por pasarte por el mío, volvé las veces que quieras ;-)

Anónimo dijo...

Me gusta el extracto de la novela que posteaste, prometo leer el libro. Muy bueno tun blog.-