- Deja de jurar y dime otra cosa. Dime por ejemplo qué te gustaría ser. Científico o abogado o qué.
- Científico no. Para las ciencias soy un desastre.
- Entonces abogado como papá.
- Supongo que eso no estaría mal, pero no me gusta. Me gustaría si los abogados fueran por ahí salvando de verdad vidas de tipos inocentes, pero eso nunca lo hacen. Lo que hacen es ganar un montón de dinero, jugar al golf y al bridge, comprarse coches, beber martinis secos y darse mucha importancia. Además, si de verdad te pones a defender a tipos inocentes, ¿cómo sabes que lo haces porque quieres salvarles la vida, o porque quieres que todos te consideren un abogado estupendo y te den palmaditas en la espalda y te feliciten los periodistas cuando acaba el juicio como pasa en todas esas películas estúpidas? ¿Cómo sabes tú mismo que no te estás mientiendo? Eso es lo malo, que nunca llegas a saberlo.
No sé si Phoebe entendía o no lo que quería decir porque es aún todavía muy chica para eso, pero al menos me escuchaba. Da gusto que lo escuchen a uno.
- Papá va a matarte. Va a matarte- me dijo.
Pero no la oí. Estaba pensando en otra cosa. En una cosa absurda.
- ¿Sabes lo que me gustaría ser? ¿Sabes lo que me gustaría ser de verdad si pudiera elegir?
- ¿Qué?
- ¿Te acuerdas de esa canción que dice, "Si un cuerpo agarra a otro cuerpo, cuando van entre el centeno..."? Me gustaría...
- Es "Si un cuerpo encuentra a otro cuerpo, cuando van entre el centeno"- dijo Phoebe-. Y es un poema. Un poema de Robert Burns.
- Ya sé que es un poema de Robert Burns.
Tenía razón. Es "Si un cuerpo encuentra a otro cuerpo, cuando van entre el centeno", pero entonces no lo sabía.
- Creí que era, "Si un cuerpo agarra a otro cuerpo"- le dije-, pero, verás. Muchas veces me imagino que hay un montón de niños jugando en un campo de centeno. Miles de niños. Y están solos, quiero decir que no hay nadie mayor vigilándolos. Sólo yo. Estoy al borde de un precipicio y mi trabajo consiste en evitar que los niños caigan en él. En cuanto empiezan a correr sin mirar adónde van, yo salgo de donde esté y los agarro. Eso es lo que me gustaría hacer todo el tiempo. Vigilarlos. Yo sería el guardián entre el centeno. Te parecerá una tontería, pero es lo único que de verdad me gustaría hacer. Sé que es una locura.
viernes, 27 de julio de 2007
jueves, 26 de julio de 2007
Calle Melancolía
Calle Melancolía es una canción de Joaquín Sabina editada por primera vez en su segundo disco, titulado Malas Compañías (1980). Significó un gran avance en la carrera del poeta de Úbeda, recibiendo la aceptación del público español.
Como quien viaja a lomos de una yegua sombría,
por la ciudad camino, no pregunteis adonde.
Busco acaso un encuentro que me ilumine el día
y no hallo más que puertas que niegan lo que esconden.
Las chimeneas vierten su vómito de humo
a un cielo cada vez más lejano y más alto.
Por las paredes ocres se desparrama el zumo
de una fruta de sangre crecida en el asfalto.
Ya el campo estará verde, debe ser primavera.
Cruza por mi mirada un tren interminable.
El barrio donde habito no es ninguna pradera,
desolado paisaje de antenas y de cables.
Vivo en el número siete, Calle Melancolía,
quiero mudarme hace años al barrio de la alegría.
Pero siempre que lo intento, ha salido ya el tranvía,
y en la escalera me siento a silbar mi melodía.
Como quien viaja a bordo de un barco enloquecido
que viene de la noche y va a ninguna parte.
Así mis pies descienden la cuesta del olvido,
fatigados de tanto andar sin encontrarte.
Luego, de vuelta a casa, enciendo un cigarrillo,
ordeno mis papeles, resuelvo un crucigrama;
me enfado con las sombras que pueblan los pasillos,
y me abrazo a la ausencia que dejas en mi cama.
Trepo por tu recuerdo como una enredadera
que no encuentra ventanas donde agarrarse. Soy
esa absurda epidemia que sufren las aceras.
Si quieres encontrarme, ya sabes donde estoy.
Vivo en el número siete, Calle Melancolía,
quiero mudarme hace años al barrio de la alegría.
Pero siempre que lo intento, ha salido ya el tranvía,
y en la escalera me siento a silbar mi melodía.
por la ciudad camino, no pregunteis adonde.
Busco acaso un encuentro que me ilumine el día
y no hallo más que puertas que niegan lo que esconden.
Las chimeneas vierten su vómito de humo
a un cielo cada vez más lejano y más alto.
Por las paredes ocres se desparrama el zumo
de una fruta de sangre crecida en el asfalto.
Ya el campo estará verde, debe ser primavera.
Cruza por mi mirada un tren interminable.
El barrio donde habito no es ninguna pradera,
desolado paisaje de antenas y de cables.
Vivo en el número siete, Calle Melancolía,
quiero mudarme hace años al barrio de la alegría.
Pero siempre que lo intento, ha salido ya el tranvía,
y en la escalera me siento a silbar mi melodía.
Como quien viaja a bordo de un barco enloquecido
que viene de la noche y va a ninguna parte.
Así mis pies descienden la cuesta del olvido,
fatigados de tanto andar sin encontrarte.
Luego, de vuelta a casa, enciendo un cigarrillo,
ordeno mis papeles, resuelvo un crucigrama;
me enfado con las sombras que pueblan los pasillos,
y me abrazo a la ausencia que dejas en mi cama.
Trepo por tu recuerdo como una enredadera
que no encuentra ventanas donde agarrarse. Soy
esa absurda epidemia que sufren las aceras.
Si quieres encontrarme, ya sabes donde estoy.
Vivo en el número siete, Calle Melancolía,
quiero mudarme hace años al barrio de la alegría.
Pero siempre que lo intento, ha salido ya el tranvía,
y en la escalera me siento a silbar mi melodía.
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martes, 24 de julio de 2007
Passolini - Cine de poesía
La narración libre indirecta es la inmersión del autor en el ánimo de su personaje, y por consiguiente la adopción, por parte del autor, no sólo de la psicología de su personaje, sino también de su lengua. El autor se construye un personaje, muchas veces hablando una lengua inventada, para expresar una propia y particular concepción del mundo. La subjetiva libre indirecta es un monólogo por imágenes. Su característica principal es no ser lingüística, sino estilística. Su empleo es pretextual, sirve para hablar indirectamente –a través de una mera coartada narrativa- en primera persona.
La narración directa corresponde al plano subjetivo.
La primera característica del cine de poesía consiste en aquel fenómeno que es definido normal y banalmente por los profesionales con la frase: "dejar notar la cámara"
La narración directa corresponde al plano subjetivo.
La primera característica del cine de poesía consiste en aquel fenómeno que es definido normal y banalmente por los profesionales con la frase:
El efecto Brecht en pantalla
Desde hace décadas, la referencia a Brecht se ha asociado de manera casi automática con el fenómeno que el denominó efecto V, a veces traducido como efecto de extrañamiento o distanciamiento, que pasa por la reflexión sobre el sujeto en relación a la representación, y por la propuesta de una alteración radical de esa relación, que rechaza las estrategias de inmersión en el espectáculo y las reemplaza por una posibilidad de separación, con finalidad liberadora.
La reflexividad es una de las condiciones mayores de la poética de Brecht, acaso tanto como el efecto distanciamiento del espectador.
Brecht propone distintas técnicas tendientes a lograr un estado liberador. Que el espectador no olvide nunca que está en el teatro es una de sus primeras consignas, por lo tanto, la operación Brecht consiste en hacer actor al espectador.
Brecht no apunta a lo estético sino a lo social, en la tradición del realismo crítico. La intención es desarrollar en forma conjunta dos artes, la de ser actor y la de ser espectador. Es preciso que el público pueda tomar posición respecto de los hechos representados y respecto de su representación misma.
En Brecht hay un rechazo a Hollywood que radica en la condición opiácea del cine de masas.
El rechazo brechtiano al espectador víctima de un estado de arrebatamiento espectacular, desplegado desde una visión teórica y crítica, daría lugar poco tiempo después a toda una serie de procedimientos y técnicas orientados a romper con ese hechizo, esa condición cuasi-hipnótica. Aunque orientados originalmente hacia la escena, estos dispositivos eran altamente propicios para su adaptación por el discurso cinematográfico:
La reflexividad es una de las condiciones mayores de la poética de Brecht, acaso tanto como el efecto distanciamiento del espectador.
Brecht propone distintas técnicas tendientes a lograr un estado liberador. Que el espectador no olvide nunca que está en el teatro es una de sus primeras consignas, por lo tanto, la operación Brecht consiste en hacer actor al espectador.
Brecht no apunta a lo estético sino a lo social, en la tradición del realismo crítico. La intención es desarrollar en forma conjunta dos artes, la de ser actor y la de ser espectador. Es preciso que el público pueda tomar posición respecto de los hechos representados y respecto de su representación misma.
En Brecht hay un rechazo a Hollywood que radica en la condición opiácea del cine de masas.
El rechazo brechtiano al espectador víctima de un estado de arrebatamiento espectacular, desplegado desde una visión teórica y crítica, daría lugar poco tiempo después a toda una serie de procedimientos y técnicas orientados a romper con ese hechizo, esa condición cuasi-hipnótica. Aunque orientados originalmente hacia la escena, estos dispositivos eran altamente propicios para su adaptación por el discurso cinematográfico:
- Fragmentación de la acción
- Desafío a la consistencia de la diégesis
- Rechazo a la psicología dramática
- Recuperación de la interpelación del espectador para la postulación de un diálogo audiovisual entre actores y espectadores concebidos como interlocutores.
- Interpretación distante; dispuesta a la ironía, la cita, la parodia.
- La reflexividad se traduciría en el cine en la posibilidad de revelar tanto las condiciones de su producción, como los códigos y principios que regulan su funcionamiento.
Calígula
Calígula es una obra teatral creada por Albert Camus. A continuación podrán disfrutar de la escena V del Acto Primero, cuando Calígula vuelve al palacio luego de tres noches de ausencia, provocadas por la muerte de su hermana y amada Drusila.
HELICÓN (de un extremo a otro del escenario).- Buenos días, Cayo.
CALÍGULA (con naturalidad).- Buenos días, Helicón. (Silencio).
HELICÓN.- Pareces fatigado.
CALÍGULA.- He caminado mucho.
HELICÓN.- Sí, tu ausencia duró largo tiempo.
CALÍGULA.- Era difícil de encontrar.
HELICÓN.- ¿Qué cosa?
CALÍGULA.- Lo que yo quería.
HELICÓN.- ¿Y que querías?
CALÍGULA (siempre con naturalidad).- La luna.
HELICÓN.- ¿Qué?
CALÍGULA.- Sí, quería la luna.
HELICÓN.- ¡Ah! (Silencio. Helicón se acerca). ¿Para qué?
CALÍGULA.- Bueno... Es una de las cosas que no tengo.
HELICÓN.- Claro. ¿Y ya se arregló todo?
CALÍGULA.- No, no puedo conseguirla.
HELICÓN.- Qué fastidio.
CALÍGULA.- Sí, por eso estoy cansado. (Pausa). ¡Helicón!
HELICÓN.- Sí, Cayo.
CALÍGULA.- Piensas que estoy loco.
HELICÓN.- Bien sabes que nunca pienso.
CALÍGULA.- Sí. ¡En fin! Pero no estoy loco, y aún más: nunca he sido tan razonable. Simplemente, sentí en mí de pronto una necesidad de imposible. (Pausa) Las cosas tal como son, no me parecen satisfactorias.
HELICÓN.- Es una opinión bastante difundida.
CALÍGULA.- Es cierto. Pero antes no lo sabía. Ahora lo sé. (Siempre con naturalidad). El mundo, tal como está, no es soportable. Por eso necesito la luna o la dicha, o la inmortalidad, algo descabellado quizá, pero que no sea de este mundo.
HELICÓN.- Es un razonamiento que se tiene en pie. Pero en general no es posible sostenerlo hasta el fin.
CALÍGULA (levantándose, pero con la misma sencillez).- Tú no sabes nada. Las cosas no se consiguen porque nunca se las sostiene hasta el fin. Pero quizá baste permanecer lógico hasta el fin. (Mira a Helicón). También sé lo que piensas. ¡Cuántas historias por la muerte de una mujer! Pero no es eso. Creo recordar, es cierto, que hace unos días murió una mujer a quien yo amaba. ¿Pero qué es el amor? Poca cosa. Esa muerte no significa nada, te lo juro; sólo es la señal de una verdad muy simple y muy clara, un poco tonta, pero difícil de descubrir y pesada de llevar.
HELICÓN.- ¿Y cuál es la verdad?
CALÍGULA (apartado, en tono neutro).- Los hombres mueren y no son felices.
HELICÓN (después de una pausa).- Vamos, Cayo, es una verdad a la que nos acomodamos muy bien. Mira a tu alrededor. No es eso lo que les impide almorzar.
CALÍGULA (con súbito estallido).- Entonces todo a mi alrededor es mentira, y yo quiero que vivamos en la verdad. Y justamente tengo los medios para hacerlos vivir en la verdad. Porque sé lo que les falta, Helicón. Están privados de conocimiento y les falta un profesor que sepa lo que dice.
HELICÓN.- No te ofendas, Cayo, por lo que voy a decirte. Pero deberías descansar primero.
CALÍGULA (sentándose y con dulzura).- No es posible, Helicón, ya nunca será posible.
HELICÓN.- ¿Y por qué no?
CALÍGULA.- Si duermo, ¿quién me dará la luna?
HELICÓN (después de un silencio).- Eso es cierto.
(CALÍGULA se levanta con visible esfuerzo).
CALÍGULA.- Escucha, Helicón. Oigo pasos y rumor de voces. Guarda silencio y olvida que acabas de verme.
HELICÓN.- He comprendido.
(CALÍGULA se dirige hacia la salida, se vuelve).
CALÍGULA.- Y te lo ruego: en adelante ayúdame.
HELICÓN.- No tengo razones para no hacerlo, Cayo. Pero sé pocas cosas y pocas cosas me interesan. ¿En qué puedo ayudarte?
CALÍGULA.- En lo imposible.
HELICÓN.- Haré lo que pueda.
(CALÍGULA sale. Entran rápidamente ESCIPIÓN y CESONIA).
HELICÓN (de un extremo a otro del escenario).- Buenos días, Cayo.
CALÍGULA (con naturalidad).- Buenos días, Helicón. (Silencio).
HELICÓN.- Pareces fatigado.
CALÍGULA.- He caminado mucho.
HELICÓN.- Sí, tu ausencia duró largo tiempo.
CALÍGULA.- Era difícil de encontrar.
HELICÓN.- ¿Qué cosa?
CALÍGULA.- Lo que yo quería.
HELICÓN.- ¿Y que querías?
CALÍGULA (siempre con naturalidad).- La luna.
HELICÓN.- ¿Qué?
CALÍGULA.- Sí, quería la luna.
HELICÓN.- ¡Ah! (Silencio. Helicón se acerca). ¿Para qué?
CALÍGULA.- Bueno... Es una de las cosas que no tengo.
HELICÓN.- Claro. ¿Y ya se arregló todo?
CALÍGULA.- No, no puedo conseguirla.
HELICÓN.- Qué fastidio.
CALÍGULA.- Sí, por eso estoy cansado. (Pausa). ¡Helicón!
HELICÓN.- Sí, Cayo.
CALÍGULA.- Piensas que estoy loco.
HELICÓN.- Bien sabes que nunca pienso.
CALÍGULA.- Sí. ¡En fin! Pero no estoy loco, y aún más: nunca he sido tan razonable. Simplemente, sentí en mí de pronto una necesidad de imposible. (Pausa) Las cosas tal como son, no me parecen satisfactorias.
HELICÓN.- Es una opinión bastante difundida.
CALÍGULA.- Es cierto. Pero antes no lo sabía. Ahora lo sé. (Siempre con naturalidad). El mundo, tal como está, no es soportable. Por eso necesito la luna o la dicha, o la inmortalidad, algo descabellado quizá, pero que no sea de este mundo.
HELICÓN.- Es un razonamiento que se tiene en pie. Pero en general no es posible sostenerlo hasta el fin.
CALÍGULA (levantándose, pero con la misma sencillez).- Tú no sabes nada. Las cosas no se consiguen porque nunca se las sostiene hasta el fin. Pero quizá baste permanecer lógico hasta el fin. (Mira a Helicón). También sé lo que piensas. ¡Cuántas historias por la muerte de una mujer! Pero no es eso. Creo recordar, es cierto, que hace unos días murió una mujer a quien yo amaba. ¿Pero qué es el amor? Poca cosa. Esa muerte no significa nada, te lo juro; sólo es la señal de una verdad muy simple y muy clara, un poco tonta, pero difícil de descubrir y pesada de llevar.
HELICÓN.- ¿Y cuál es la verdad?
CALÍGULA (apartado, en tono neutro).- Los hombres mueren y no son felices.
HELICÓN (después de una pausa).- Vamos, Cayo, es una verdad a la que nos acomodamos muy bien. Mira a tu alrededor. No es eso lo que les impide almorzar.
CALÍGULA (con súbito estallido).- Entonces todo a mi alrededor es mentira, y yo quiero que vivamos en la verdad. Y justamente tengo los medios para hacerlos vivir en la verdad. Porque sé lo que les falta, Helicón. Están privados de conocimiento y les falta un profesor que sepa lo que dice.
HELICÓN.- No te ofendas, Cayo, por lo que voy a decirte. Pero deberías descansar primero.
CALÍGULA (sentándose y con dulzura).- No es posible, Helicón, ya nunca será posible.
HELICÓN.- ¿Y por qué no?
CALÍGULA.- Si duermo, ¿quién me dará la luna?
HELICÓN (después de un silencio).- Eso es cierto.
(CALÍGULA se levanta con visible esfuerzo).
CALÍGULA.- Escucha, Helicón. Oigo pasos y rumor de voces. Guarda silencio y olvida que acabas de verme.
HELICÓN.- He comprendido.
(CALÍGULA se dirige hacia la salida, se vuelve).
CALÍGULA.- Y te lo ruego: en adelante ayúdame.
HELICÓN.- No tengo razones para no hacerlo, Cayo. Pero sé pocas cosas y pocas cosas me interesan. ¿En qué puedo ayudarte?
CALÍGULA.- En lo imposible.
HELICÓN.- Haré lo que pueda.
(CALÍGULA sale. Entran rápidamente ESCIPIÓN y CESONIA).
lunes, 23 de julio de 2007
Para no olvidar
Este es el artículo 19 de la Constitución de la República Argentina. No lo olvidemos.
Artículo 19.- Las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan al orden y a la moral pública, ni perjudiquen a un tercero, están sólo reservadas a Dios, y exentas de la autoridad de los magistrados. Ningún habitante de la Nación será obligado a hacer lo que no manda la ley, ni privado de lo que ella no prohibe.
Artículo 19.- Las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan al orden y a la moral pública, ni perjudiquen a un tercero, están sólo reservadas a Dios, y exentas de la autoridad de los magistrados. Ningún habitante de la Nación será obligado a hacer lo que no manda la ley, ni privado de lo que ella no prohibe.
domingo, 22 de julio de 2007
La historia de la mujer en Argentina
Por N.L
Considero que todavía en la Argentina, no hemos avanzado mucho en esta nueva corriente de la Historia, que ha surgido en Europa –fundamentalmente en Francia- desde hace más de veinte años.
De la Historia de las Mentalidades y de la de la vida cotidiana se llegó a la Historia de las Mujeres. La historia tradicional ha negado el importante papel que jugó la mujer en la conformación de las distintas sociedades.
En nuestro país si bien en los últimos años ha habido estudios que se ocuparon del tema, todavía es necesario ahondar en el mismo. Este tipo de historia nos lleva a investigar viejos documentos, donde aparecen desde la vestimenta, alimentación, usos y costumbres, hasta como se desarrollaban instituciones tan importantes como el matrimonio en las diferentes épocas. La dote, la importancia de la “ropa blanca” nos llevan a conocer cómo vivían las mujeres de la época virreinal e independiente.
En el Río de la Plata encontramos que las mujeres, tanto las indias, las blancas como las negras, tuvieron una gran participación social. Las de las clases altas a través de los Salones y Tertulias, discutían acerca de los temas políticos. La mujer estuvo presente en la Guerra de la Independencia, acompañando a los ejércitos patrios, ya fuera como vivanderas, enfermeras, “bomberas” (espías), etc. Nuestras mujeres del Norte y de Cuyo colaboraron activamente en la Gesta Independentista.
Desde el punto de vista de la producción eran las encargadas de realizar la vestimenta para el grupo familiar y fueron ellas quienes cosieron los uniformes militares, bordaron las banderas y elaboraron los ponchos de nuestras tropas.
También participaron activamente en las luchas entre unitarios y federales. Los nombres de Mariquita Sánchez y de Encarnación Escurra resultan emblemáticos.
Fue después, en el período que se abrió a partir de la década de 1850, es decir al gestarse la Argentina Liberal, cuando se valorizó a la mujer como madre y quedó relegada al hogar.
La Argentina criolla cedió el paso a la Argentina gringa, los cambios económicos, sociales y políticos repercutieron en el papel de la mujer. La mentalidad del gringo difería de la del criollo y el papel de la mujer se va a modificar. El sainete, el grotesco y el tango son testimonios de los cambios sociales.
Posteriormente, en el siglo XX la mujer participó de los movimientos políticos y sociales, tales como el socialismo, el anarquismo y el peronismo.
Las mujeres de hoy somos deudoras de aquellas que buscaron defender sus derechos, sin dejar de ocuparse de sus hogares. Por lo tanto mi propuesta desde la historia, es investigar este tipo de temas, para poder valorizar nuestro pasado, que combina la raíz indígena con la europea e inclusive con la africana.
De la Historia de las Mentalidades y de la de la vida cotidiana se llegó a la Historia de las Mujeres. La historia tradicional ha negado el importante papel que jugó la mujer en la conformación de las distintas sociedades.
En nuestro país si bien en los últimos años ha habido estudios que se ocuparon del tema, todavía es necesario ahondar en el mismo. Este tipo de historia nos lleva a investigar viejos documentos, donde aparecen desde la vestimenta, alimentación, usos y costumbres, hasta como se desarrollaban instituciones tan importantes como el matrimonio en las diferentes épocas. La dote, la importancia de la “ropa blanca” nos llevan a conocer cómo vivían las mujeres de la época virreinal e independiente.
En el Río de la Plata encontramos que las mujeres, tanto las indias, las blancas como las negras, tuvieron una gran participación social. Las de las clases altas a través de los Salones y Tertulias, discutían acerca de los temas políticos. La mujer estuvo presente en la Guerra de la Independencia, acompañando a los ejércitos patrios, ya fuera como vivanderas, enfermeras, “bomberas” (espías), etc. Nuestras mujeres del Norte y de Cuyo colaboraron activamente en la Gesta Independentista.
Desde el punto de vista de la producción eran las encargadas de realizar la vestimenta para el grupo familiar y fueron ellas quienes cosieron los uniformes militares, bordaron las banderas y elaboraron los ponchos de nuestras tropas.
También participaron activamente en las luchas entre unitarios y federales. Los nombres de Mariquita Sánchez y de Encarnación Escurra resultan emblemáticos.
Fue después, en el período que se abrió a partir de la década de 1850, es decir al gestarse la Argentina Liberal, cuando se valorizó a la mujer como madre y quedó relegada al hogar.
La Argentina criolla cedió el paso a la Argentina gringa, los cambios económicos, sociales y políticos repercutieron en el papel de la mujer. La mentalidad del gringo difería de la del criollo y el papel de la mujer se va a modificar. El sainete, el grotesco y el tango son testimonios de los cambios sociales.
Posteriormente, en el siglo XX la mujer participó de los movimientos políticos y sociales, tales como el socialismo, el anarquismo y el peronismo.
Las mujeres de hoy somos deudoras de aquellas que buscaron defender sus derechos, sin dejar de ocuparse de sus hogares. Por lo tanto mi propuesta desde la historia, es investigar este tipo de temas, para poder valorizar nuestro pasado, que combina la raíz indígena con la europea e inclusive con la africana.
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