lunes, 12 de noviembre de 2007
Les Luthiers al aire libre
La agrupación musical humorística Les Luthiers festejará sus 40 años de trayectoria con una presentación a cielo abierto que se realizará el domingo 18 de noviembre a las 21 horas en La Pampa y Figueroa Alcorta, ciudad de Buenos Aires. De esta manera, Les Luthiers le pondrá un broche de oro a un año lleno de homenajes. La entrada es libre y gratuita.
domingo, 11 de noviembre de 2007
La persistencia de la memoria
En 1931, Salvador Dalí pintó La persistencia de la memoria, un óleo sobre lienzo de 24x33 cm. La obra se convirtió en un símbolo imborrable del surrealismo.

"Hay tantas realidades como observadores. Las visiones del mundo se chocan, se entrelazan y siguen su camino. De a poco, comprendemos que las posibilidades son infinitas. No reconocen frenos ni limitaciones. Esta idea nos conmueve. Sentimos la insignificancia del ser humano, el peso del universo recae sobre nuestros doloridos hombros. Tratamos de despertarnos, pero no estamos soñando."
Hace muchos años, John Baklyn decía estas palabras. Dos horas después se quitó la vida.

"Hay tantas realidades como observadores. Las visiones del mundo se chocan, se entrelazan y siguen su camino. De a poco, comprendemos que las posibilidades son infinitas. No reconocen frenos ni limitaciones. Esta idea nos conmueve. Sentimos la insignificancia del ser humano, el peso del universo recae sobre nuestros doloridos hombros. Tratamos de despertarnos, pero no estamos soñando."
Hace muchos años, John Baklyn decía estas palabras. Dos horas después se quitó la vida.
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viernes, 9 de noviembre de 2007
Pueblo blanco
Algunos lugares son ajenos al tiempo. El reloj no existe allí; sólo el sol. Por la mañana su salida marca el inicio del trabajo. El atardecer implica el fin de la jornada laboral. Invierno, primavera, verano, otoño. Otoño, invierno, primavera, verano. Siembra y siega, siega y siembra.
Los niños juegan, los jóvenes se enamoran, los adultos trabajan, los viejos mueren. La tierra es hostil y el clima caprichoso. El alcohol hace desaparecer las penas. Ya no hay dolores, tampoco alegrías. Como si el mundo no girara más. Todo está detenido. Una película eterna compuesta de un único fotograma.
Afuera de la burbuja no hay estabilidad. Los límites se deforman. Nada es permanente. Los cambios son vertiginosos. Cualquier paso en falso puede derrumbar el castillo de naipes. Hay que desplazarse con mucho cuidado, pero rápido. Es imposible quedarse quieto. El movimiento gobierna. Y jamás descansa; el movimiento no se detiene.
Mientras tanto, los niños juegan, los jóvenes se enamoran, los adultos trabajan, los viejos mueren.
En 1971, Joan Manuel Serrat edita el LP Mediterráneo. El éxito fue instantáneo; las canciones persisten hasta hoy en la memoria de españoles y latinoamericanos.
En el cuarto tema, llamado Pueblo Blanco, Serrat se adentra en la vida de un típico pueblo olvidado en el tiempo.
Colgado de un barranco
duerme mi pueblo blanco,
bajo un cielo que a fuerza
de no ver nunca el mar,
se olvidó de llorar.
Por sus callejas de polvo y piedra
por no pasar, ni pasó la guerra,
sólo el olvido camina lento
bordeando la cañada,
donde no crece una flor
ni trashuma un pastor.
El sacristán ha visto
hacerse viejo al cura,
el cura ha visto al cabo
y el cabo al sacristán,
y mi pueblo después
vio morir a los tres,
y me pregunto: porqué nacerá gente
si nacer o morir es indiferente.
De la siega a la siembra
se vive en la taberna,
las comadres murmuran
su historia en el umbral,
de sus casas de cal.
Y las muchachas hacen bolillos
buscando, ocultas tras los visillos,
a ese hombre joven
que noche a noche forjaron en su mente,
fuerte para ser su señor
y tierno para el amor.
Ellas sueñan con él
y él con irse muy lejos,
de su pueblo y los viejos
sueñan morirse en paz,
y morir por morir
quieren morirse al sol,
la boca abierta al calor, como lagartos
medio ocultos tras un sombrero de esparto.
Escapad gente tierna
que esta tierra está enferma,
y no esperéis mañana
lo que no te dio ayer,
que no hay nada que hacer.
Toma tu mula, tu hembra y tu arreo,
sigue el camino del pueblo hebreo
y busca otra luna,
tal vez mañana sonría la fortuna
Y si te toca llorar,
es mejor frente al mar.
Si yo pudiera unirme
a un vuelo de palomas,
y atravesando lomas
dejar mi pueblo atrás,
juro por lo que fui
que me iría de aquí,
pero los muertos están en cautiverio
y no nos dejan salir del cementerio.
Los niños juegan, los jóvenes se enamoran, los adultos trabajan, los viejos mueren. La tierra es hostil y el clima caprichoso. El alcohol hace desaparecer las penas. Ya no hay dolores, tampoco alegrías. Como si el mundo no girara más. Todo está detenido. Una película eterna compuesta de un único fotograma.
Afuera de la burbuja no hay estabilidad. Los límites se deforman. Nada es permanente. Los cambios son vertiginosos. Cualquier paso en falso puede derrumbar el castillo de naipes. Hay que desplazarse con mucho cuidado, pero rápido. Es imposible quedarse quieto. El movimiento gobierna. Y jamás descansa; el movimiento no se detiene.
Mientras tanto, los niños juegan, los jóvenes se enamoran, los adultos trabajan, los viejos mueren.
En 1971, Joan Manuel Serrat edita el LP Mediterráneo. El éxito fue instantáneo; las canciones persisten hasta hoy en la memoria de españoles y latinoamericanos.
En el cuarto tema, llamado Pueblo Blanco, Serrat se adentra en la vida de un típico pueblo olvidado en el tiempo.
Colgado de un barranco
duerme mi pueblo blanco,
bajo un cielo que a fuerza
de no ver nunca el mar,
se olvidó de llorar.
Por sus callejas de polvo y piedra
por no pasar, ni pasó la guerra,
sólo el olvido camina lento
bordeando la cañada,
donde no crece una flor
ni trashuma un pastor.
El sacristán ha visto
hacerse viejo al cura,
el cura ha visto al cabo
y el cabo al sacristán,
y mi pueblo después
vio morir a los tres,
y me pregunto: porqué nacerá gente
si nacer o morir es indiferente.
De la siega a la siembra
se vive en la taberna,
las comadres murmuran
su historia en el umbral,
de sus casas de cal.
Y las muchachas hacen bolillos
buscando, ocultas tras los visillos,
a ese hombre joven
que noche a noche forjaron en su mente,
fuerte para ser su señor
y tierno para el amor.
Ellas sueñan con él
y él con irse muy lejos,
de su pueblo y los viejos
sueñan morirse en paz,
y morir por morir
quieren morirse al sol,
la boca abierta al calor, como lagartos
medio ocultos tras un sombrero de esparto.
Escapad gente tierna
que esta tierra está enferma,
y no esperéis mañana
lo que no te dio ayer,
que no hay nada que hacer.
Toma tu mula, tu hembra y tu arreo,
sigue el camino del pueblo hebreo
y busca otra luna,
tal vez mañana sonría la fortuna
Y si te toca llorar,
es mejor frente al mar.
Si yo pudiera unirme
a un vuelo de palomas,
y atravesando lomas
dejar mi pueblo atrás,
juro por lo que fui
que me iría de aquí,
pero los muertos están en cautiverio
y no nos dejan salir del cementerio.
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miércoles, 7 de noviembre de 2007
Los ojos de los pobres
La ciudad aúna a los hombres. En la ciudad miramos y somos mirados. Nos exponemos a los otros. No hay posibilidad de evitarlo.
Los otros se nos presentan como símbolos. Ante nuestros ojos vemos pasar seres humanos que trabajan, estudian, aman, odian y miran, como nosotros. La mayor parte de las ocasiones no nos detenemos a pensar en esto. Lo tomamos como parte de la realidad, una circunstancia más del devenir. Algunas veces, la mirada del otro nos atrapa y nos lleva a querer descifrar ese símbolo, adentrarnos en el misterio de la personalidad humana. Vencer la barrera del aislamiento, ese mecanismo de defensa que tanto se suele utilizar, es todo un desafío.
Charles Baudelaire, uno de los denominados poetas malditos, relata un poderoso encuentro en Los ojos de los pobres, poema publicado en "El Spleen de París o Pequeños poemas en prosa" (1869).
¡Ah!, quieres saber por qué hoy te aborrezco. Más fácil te será comprenderlo, sin duda, que a mí explicártelo; porque eres, creo yo, el mejor ejemplo de impermeabilidad femenina que pueda encontrarse.
Juntos pasamos un largo día, que me pareció corto. Nos habíamos hecho la promesa de que todos los pensamientos serían comunes para los dos, y nuestras almas ya no serían en adelante más que una; ensueño que nada tiene de original, después de todo, a no ser que, soñándolo todos los hombres, nunca lo realizó ninguno.
Al anochecer, un poco fatigada, quisiste sentarte delante de un café nuevo que hacía esquina a un bulevar, nuevo, lleno todavía de cascotes y ostentando ya gloriosamente sus esplendores, sin concluir. Centelleaba el café. El gas mismo desplegaba todo el ardor de un estreno, e iluminaba con todas sus fuerzas los muros cegadores de blancura, los lienzos deslumbradores de los espejos, los oros de las medias cañas y de las cornisas, los pajes de mejillas infladas arrastrados por los perros en traílla, las damas risueñas con el halcón posado en el puño, las ninfas y las diosas que llevaban sobre la cabeza frutas, pasteles y caza; las Hebes y las Ganimedes ofreciendo a brazo tendido el anforilla de jarabe o el obelisco bicolor de los helados con copete: la historia entera de la mitología puesta al servicio de la gula.
Enfrente mismo de nosotros, en el arroyo, estaba plantado un pobre hombre de unos cuarenta años, de faz cansada y barba canosa; llevaba de la mano a un niño, y con el otro brazo sostenía a una criatura débil para andar todavía. Hacía de niñera, y sacaba a sus hijos a tomar el aire del anochecer. Todos harapientos. Las tres caras tenían extraordinaria seriedad, y los seis ojos contemplaban fijamente el café nuevo, con una admiración igual, que los años matizaban de modo diverso.
Los ojos del padre decían: «¡Qué hermoso! ¡Qué hermoso! ¡Parece como si todo el oro del mísero mundo se hubiera colocado en esas paredes!» Los ojos del niño: «¡Qué hermoso!, ¡qué hermoso!; ¡pero es una casa donde sólo puede entrar la gente que no es como nosotros!» Los ojos del más chico estaban fascinados de sobra para expresar cosa distinta de un gozo estúpido y profundo.
Los cancioneros suelen decir que el placer vuelve al alma buena y ablanda los corazones. Por lo que a mí toca, la canción dijo bien aquella tarde. No sólo me había enternecido aquella familia de ojos, sino que me avergonzaba un tanto de nuestros vasos y de nuestras botellas, mayores que nuestra sed. Volvía yo los ojos hacia los tuyos, querido amor mío, para leer en ellos mi pensamiento; me sumergía en tus ojos tan bellos y tan extrañamente dulces, en tus ojos verdes, habitados por el capricho e inspirados por la Luna, cuando me dijiste: «¡Esa gente me está siendo insoportable con sus ojos tan abiertos como puertas cocheras! ¿Por qué no pedís al dueño del café que los haga alejarse?»
¡Tan difícil es entenderse, ángel querido, y tan incomunicable el pensamiento, aun entre seres que se aman!
Los otros se nos presentan como símbolos. Ante nuestros ojos vemos pasar seres humanos que trabajan, estudian, aman, odian y miran, como nosotros. La mayor parte de las ocasiones no nos detenemos a pensar en esto. Lo tomamos como parte de la realidad, una circunstancia más del devenir. Algunas veces, la mirada del otro nos atrapa y nos lleva a querer descifrar ese símbolo, adentrarnos en el misterio de la personalidad humana. Vencer la barrera del aislamiento, ese mecanismo de defensa que tanto se suele utilizar, es todo un desafío.
Charles Baudelaire, uno de los denominados poetas malditos, relata un poderoso encuentro en Los ojos de los pobres, poema publicado en "El Spleen de París o Pequeños poemas en prosa" (1869).
¡Ah!, quieres saber por qué hoy te aborrezco. Más fácil te será comprenderlo, sin duda, que a mí explicártelo; porque eres, creo yo, el mejor ejemplo de impermeabilidad femenina que pueda encontrarse.
Juntos pasamos un largo día, que me pareció corto. Nos habíamos hecho la promesa de que todos los pensamientos serían comunes para los dos, y nuestras almas ya no serían en adelante más que una; ensueño que nada tiene de original, después de todo, a no ser que, soñándolo todos los hombres, nunca lo realizó ninguno.
Al anochecer, un poco fatigada, quisiste sentarte delante de un café nuevo que hacía esquina a un bulevar, nuevo, lleno todavía de cascotes y ostentando ya gloriosamente sus esplendores, sin concluir. Centelleaba el café. El gas mismo desplegaba todo el ardor de un estreno, e iluminaba con todas sus fuerzas los muros cegadores de blancura, los lienzos deslumbradores de los espejos, los oros de las medias cañas y de las cornisas, los pajes de mejillas infladas arrastrados por los perros en traílla, las damas risueñas con el halcón posado en el puño, las ninfas y las diosas que llevaban sobre la cabeza frutas, pasteles y caza; las Hebes y las Ganimedes ofreciendo a brazo tendido el anforilla de jarabe o el obelisco bicolor de los helados con copete: la historia entera de la mitología puesta al servicio de la gula.
Enfrente mismo de nosotros, en el arroyo, estaba plantado un pobre hombre de unos cuarenta años, de faz cansada y barba canosa; llevaba de la mano a un niño, y con el otro brazo sostenía a una criatura débil para andar todavía. Hacía de niñera, y sacaba a sus hijos a tomar el aire del anochecer. Todos harapientos. Las tres caras tenían extraordinaria seriedad, y los seis ojos contemplaban fijamente el café nuevo, con una admiración igual, que los años matizaban de modo diverso.
Los ojos del padre decían: «¡Qué hermoso! ¡Qué hermoso! ¡Parece como si todo el oro del mísero mundo se hubiera colocado en esas paredes!» Los ojos del niño: «¡Qué hermoso!, ¡qué hermoso!; ¡pero es una casa donde sólo puede entrar la gente que no es como nosotros!» Los ojos del más chico estaban fascinados de sobra para expresar cosa distinta de un gozo estúpido y profundo.
Los cancioneros suelen decir que el placer vuelve al alma buena y ablanda los corazones. Por lo que a mí toca, la canción dijo bien aquella tarde. No sólo me había enternecido aquella familia de ojos, sino que me avergonzaba un tanto de nuestros vasos y de nuestras botellas, mayores que nuestra sed. Volvía yo los ojos hacia los tuyos, querido amor mío, para leer en ellos mi pensamiento; me sumergía en tus ojos tan bellos y tan extrañamente dulces, en tus ojos verdes, habitados por el capricho e inspirados por la Luna, cuando me dijiste: «¡Esa gente me está siendo insoportable con sus ojos tan abiertos como puertas cocheras! ¿Por qué no pedís al dueño del café que los haga alejarse?»
¡Tan difícil es entenderse, ángel querido, y tan incomunicable el pensamiento, aun entre seres que se aman!
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sábado, 3 de noviembre de 2007
Guernica

Enero de 1937. El gobierno español encarga al reconocido pintor Pablo Picasso la realización de una obra para la Exposición Internacional de Artes y Técnicas, que se realizaría en París a mediados de 1937.
26 de abril de 1937. Los aviones de la Luftwaffe (Fuerza Aérea alemana), aliados de Francisco Franco Bahamonde, bombardean la ciudad de Guernica, que hasta ese momento se encontraba bajo control de los republicanos. El ataque es devastador. La mayor parte de la histórica ciudad del País Vasco quedó reducida a escombros. Las bombas provocaron incendios que pudieron ser apagados recién al día siguiente. Miles de civiles murieron o fueron heridos de gravedad.
28 de abril de 1937. Las tropas franquistas capturan la ciudad de Guernica. Acusan a los republicanos de haber destruido la ciudad, negando así toda responsabilidad.
1 de mayo de 1937. Conmovido por el bombardeo de Guernica, Pablo Picasso comienza a trabajar en un cuadro que refleje la tragedia. El artista manifiesta en forma clara su oposición al fascismo y su apoyo al gobierno republicano.
12 de julio de 1937. El Guernica se expone por primera vez ante los ojos del mundo. Instantáneamente, se convierte en un paradigma del horror de la guerra. Desde ese momento es elegido como símbolo por los movimientos pacifistas.
10 de septiembre de 1981. El Guernica llega a España proveniente del Museum of Modern Art (MoMA) de Nueva York. La obra se aloja en el Casón del Buen Retiro, perteneciente al Museo del Prado. De esta manera se cumple el deseo de Picasso.
26 de julio de 1992. El Guernica es trasladado al Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, creado en 1990. Allí se exhibe en la actualidad.
viernes, 2 de noviembre de 2007
El pez por la boca muere
Estas son las declaraciones de Roger Federer antes de perder con David Nalbandian en los octavos de final del Masters Series de París:
- "Prefiero enfrentarlo en una segunda o tercera ronda. Sus golpes no son tan buenos y tampoco su saque está al máximo. Su juego completo no es tan afilado como suele serlo en las rondas decisivas."
Estas son las declaraciones de Roger Federer tras perder con David Nalbandian en los octavos de final del Masters Series de París:
- "Por supuesto, es decepcionante perder con el mismo tipo dos veces en un par de semanas, especialmente bajo techo, que es una de mis superficies favoritas, pero sabemos de las cualidades de David."
- "Su servicio me hizo daño porque me presionó mucho. Debo mejorar de cara al Masters de Shangai, porque no puedo dar tantas ventajas."
- "Me hubiese gustado que las condiciones fueran más rápidas, porque bajo techo se supone que se juega más rápido. Pero supongo que aquí no."
- "Hubiera preferido quedarme más tiempo. Es una lástima. Estoy desilusionado. Lamentablemente para mí, él estuvo muy eficaz desde el comienzo. Ha sido muy duro... Sacó muy bien, como en Madrid, y yo no encontré mis mejores glopes cuando los necesité."
- "Prefiero enfrentarlo en una segunda o tercera ronda. Sus golpes no son tan buenos y tampoco su saque está al máximo. Su juego completo no es tan afilado como suele serlo en las rondas decisivas."
Estas son las declaraciones de Roger Federer tras perder con David Nalbandian en los octavos de final del Masters Series de París:
- "Por supuesto, es decepcionante perder con el mismo tipo dos veces en un par de semanas, especialmente bajo techo, que es una de mis superficies favoritas, pero sabemos de las cualidades de David."
- "Su servicio me hizo daño porque me presionó mucho. Debo mejorar de cara al Masters de Shangai, porque no puedo dar tantas ventajas."
- "Me hubiese gustado que las condiciones fueran más rápidas, porque bajo techo se supone que se juega más rápido. Pero supongo que aquí no."
- "Hubiera preferido quedarme más tiempo. Es una lástima. Estoy desilusionado. Lamentablemente para mí, él estuvo muy eficaz desde el comienzo. Ha sido muy duro... Sacó muy bien, como en Madrid, y yo no encontré mis mejores glopes cuando los necesité."
jueves, 1 de noviembre de 2007
Nalbandian lo hizo otra vez
Hace tan solo dos semanas, David Nalbandian había vencido a Roger Federer en la final del Masters Series de Madrid. Hoy la historia se repitió. Jugando de manera espectacular, Nalbandian venció 6-4 y 7-6 (7-3) al mejor jugador del mundo por los octavos de final del Masters Series de París. Mañana se enfrentará con el español David Ferrer para alcanzar un lugar en semifinales.

Una vez más Nalbandian sorprendió al mundo del tenis. La gente esperaba que Federer se tome revancha de la derrota sufrida en Madrid. En los análisis previos, no resultaba lógico que el suizo pierda dos veces en tres semanas, y menos ante el mismo jugador. Pero no siempre se produce la alternativa más lógica.
El cordobés jugó con inteligencia y precisión. A pesar de equivocarse en algunas ocasiones, nunca perdió la concentración. Su firmeza hizo que Federer se pusiera nervioso; el fantasma de la derrota en Madrid giraba a su alrededor. Esta presencia fue demasiado para él. En los momentos decisivos del primer y del segundo set, cometió errores no forzados que le costaron muy caro. Nalbandian aprovechó cada uno de esos errores para lograr la clasificación a cuartos de final.
Si continúa jugando en este nivel, Nalbandian volverá a ser top five en los próximos meses. Sólo depende de sí mismo.
Una vez más Nalbandian sorprendió al mundo del tenis. La gente esperaba que Federer se tome revancha de la derrota sufrida en Madrid. En los análisis previos, no resultaba lógico que el suizo pierda dos veces en tres semanas, y menos ante el mismo jugador. Pero no siempre se produce la alternativa más lógica.
El cordobés jugó con inteligencia y precisión. A pesar de equivocarse en algunas ocasiones, nunca perdió la concentración. Su firmeza hizo que Federer se pusiera nervioso; el fantasma de la derrota en Madrid giraba a su alrededor. Esta presencia fue demasiado para él. En los momentos decisivos del primer y del segundo set, cometió errores no forzados que le costaron muy caro. Nalbandian aprovechó cada uno de esos errores para lograr la clasificación a cuartos de final.
Si continúa jugando en este nivel, Nalbandian volverá a ser top five en los próximos meses. Sólo depende de sí mismo.
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